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H. A. Calderón B. H. A. Calderón B.

"Descubrimiento" - Cuento de H. A. Calderón

Ocurrió en la mañana. Los de derecho jugaban a la democracia en los corredores del frente de la biblioteca. Diana, Luisa y Ana miraban —boca abierta— la estatura y los bíceps del Coloso. Lina desplegaba con sigilo el rollito de papel en busca de la respuesta. 
 
Álvaro hacía veintiuna con un tres de picas en la cafetería. Natalia leía la mano y cobraba 5000 pesos. Jorge leía la entrepierna primípara del salón a medio sol. Y cuando Nancy hallaba la muestra estadística sintió la primera patadita en el interior de su vientre. Catalina pagaba por las fotocopias. Luis estudiaba a Kant. Miguel le encendía un porro para espantar imperativos.  Alexandra dictaba clase mientras que Diego, Giovanni y Andrés fantaseaban en hacerla suya. Pilar se ganaba la beca.  Marcela lucía con orgullo sus nuevas tetas. Kurt no entendía como la vida lo había llevado a estudiar en un país tropical.  Fernando buscaba un ángulo donde clavar la pelota de ping - pong.  Esperanza soñaba con una pasarela en París. 
 
 
Una niña  sentada, como no se lo permitían en el colegio, hacía que el maestro  olvidara la disertación sobre los caminos que llevan a Roma. El policía estudiante escarbaba en las conversaciones de un muchacho con camiseta del Che, un poco de izquierda. Y entonces Juanita dijo que sí. El senador le llenaba con un cinco la casilla limpia de la lista.  Juanita pasaba el primer año de Derecho. El hijo del senador ganaba las elecciones del frente de la biblioteca. El rector ordenaba reajustar de nuevo las matrículas. Un profesor revelaba la herencia del Califato de Córdoba. Carolina  concertaba la tarifa de la acostada con un mensaje en el Whatsapp. La decana despedía a una profesora por hablar más de la cuenta. Héctor pensaba en el almuerzo que no vería una vez más. A Cristina le conseguían una aspirina. Al hijo del senador ya le sacaban brillo en los zapatos.  Mauricio juraba no volver a usar reloj.  La secretaria le servía un trago doble al decano. Rafael pensaba en lo que no haría cuando en diez años fuera presidente de la nación. Mercedes y Pacho se marchitaban en la sala de Internet. Sergio rayaba en la puerta del baño el nombre y teléfono de su ex novia .
 
 
Otro profesor comparaba los Balcanes con el país donde Kurt entendió lo que es buscar esperanza entre la mierda. Giovanny decidía dejar el país como fuera. David se dormía sobre un escritorio. Olga perdía el año. El negro subastaba el último gramo. El secretario negaba satisfecho un reintegro. Los ojos amarillos de Andrea brillaban por Hungría. El Magistrado fabricaba las mentiras de la cátedra con el guiño de la Constitución. La ex novia degustaba en la soledad del aula máxima a su hombre número cincuenta. Unas manos tomaban de la estantería un viejo ejemplar.  Y unos versos pronunciaban el misterio árabe en la biblioteca. 
 
Todo ocurrió en la mañana.  Mientras unas manos templaban más de cien palabras en la hoja del examen; y yo anhelaba que entendieras lo que decía la canción, y  descubría, cartón en mano, que el universo no era más ancho que tus caderas. 
 
                                                                                                                                                                                                                                                                      H. A. Calderón B.

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