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"Los niños" de Carolina Sanín, búsquedas y retazos de una realidad absurda, ambigua y difusa

Carolina Sanín es una escritora colombiana de gran presencia mediática y figuración en la vida cultural colombiana en los últimos años. Su activismo como intelectual feminista y los iracundos intercambios de opiniones que mantiene con seguidores y contradictores, especialmente en su perfil público en Facebook, han hecho de ella un referente que ha desatado pasiones y polémicas en el estrecho universo de la "alta cultura" nacional.
 
La escritora Sanín publicó la novela "Los niños" en el año 2014. En reseñas aparecidas en otros medios, impresos y espacios digitales, esta obra fue catalogada como un "relato de terror", un rótulo atractivo para los profesores de literatura que buscamos siempre nuevas obras con las cuales sorprender a los estudiantes y futuros escritores.
 
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Geena Rowlands como "Gloria", pistola en mano, defendiendo al niño

Alusiones a la maternidad no deseada

El comienzo de "Los niños" es bastante estimulante. La novela abre con una cita extraída de la película "Gloria", del precursor del cine independiente estadounidense, el director Jhon Cassavetes. "Gloria" es un largometraje que cuenta una historia ambientada en el bajo mundo de New York. En él encontramos a Gloria, una mujer nada maternal y ex-novia de un gángster, que termina protegiendo, sin quererlo, a un niño que es perseguido por la mafia para ser asesinado. A medida que se conocen el niño despierta en Gloria sentimientos maternales que ella se esfuerza en negar. La película es una obra maestra donde vemos a la mejor Geena Rowlands como "Gloria", quien no duda en sacar la pistola de su bolso para proteger al menor.
 
 
La cita que abre la novela corresponde a un diálogo entre el niño y Gloria, en un momento conmovedor entre ambos personajes. De esta forma, la expectativa que plantea el epígrafe lleva a pensar que se va a acceder a un relato intenso, acerca de la repentina e indeseada maternidad, que desata otras facetas más complejas en los personajes femeninos.
 
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Incoherencias y absurdo en la alta burguesía 

La novela nos presenta a un personaje, Laura Romero, una mujer de edad incierta, perteneciente a la alta burguesía bogotana, rentista de la solvente empresa familiar, una productora de sal. Laura vive en un exclusivo barrio de la capital, la acompaña un perro llamado Brus y se dedica a trabajar, más por matar el tiempo que por necesidad. Tiene un hermano que ha muerto y una madre que sigue viva y que le ha dejado la renta que le corresponde de la empresa familiar, lo que garantiza su tranquilidad económica.
 
El trabajo que realiza Laura es bastante insólito para una persona adinerada: es empleada doméstica de un matrimonio en otro barrio de ricos. Aunque incoherente, el personaje se presenta interesante pero a medida que la lectura avanza es poco más lo que sabemos de ella. A pesar de que se enuncia esta situación, que es narrativamente atractiva: una mujer de la alta burguesía bogotana trabajando como empleada doméstica por gusto propio, en una sociedad clasista como la nuestra, en ningún momento se muestra esto en un desarrollo literario. La voz narrativa de la novela nos dice que la vida de Laura consiste en su trabajo, en intentar leer "Moby Dick", y en ir a comprar al supermercado de su barrio. Allí, además de hacer la compra, Laura parece estar entre atemorizada y atraída por las mujeres que piden dinero por cuidarle el carro en la entrada del comercio. Estas mujeres están acompañadas de sus hijos, también pidiendo monedas, que parecen turbarla mucho mas.
 
 
El relato entonces, se empieza a desarrollar bajo escenas absurdas, poco verosímiles, como la de una mujer rubia y sus hijos, aparentemente extranjeros, que de repente aparecen frente al supermercado pidiendo monedas y hablando en inglés. ¿Quién es esa mujer rubia? ¿Geena Rowlands?  El acoso de esas imágenes de niños desamparados en la vida de Laura se materializa cuando, una noche, un niño aparece en la puerta del edificio donde vive. Laura se lleva al niño a su casa.
 
En este punto el universo de la novela es bastante difuso y se plantea desde la ambigüedad. El niño, llamado Elvis Fidel, o Fider, parece tener seis años, pero en algunos momentos habla y se comporta como un adulto. Laura cae en una especie de inmovilidad en la que no sabe qué hacer con ese niño. El perro, que parecía un personaje importante, termina siendo un espectador inmóvil de eso que ocurre en el apartamento, y dentro de Laura, que no sabemos muy bien qué es. En algún momento el narrador nos cuenta que Laura alimenta un mundo imaginario, que es como una realidad paralela donde ella se imagina una isla habitada por personas, algunas cercanas y conocidas, y seres que ella no conoce ni distingue. 

Alquiler de huérfanos para personas de buen corazón

Laura lleva al niño a Bienestar Familiar, entidad que en la novela se muestra como un centro de alquiler de niños huérfanos, a donde van mujeres y hombres que quieren hacer una buena obra de caridad, visitando y cuidando niños desamparados. A estas alturas la novela es desconcertante y el terror no aparece. La obra se figura una especie de cruce entre "Esperando a Godot" de Samuel Beckett y "Sin remedio" de Antonio Caballero.
 
Es decir, el atractivo del relato comienza a ser esta forma absurda, ambigüa y difusa bajo la cual está escrito y donde la incoherencia es parte del universo de los personajes. Hay diálogos confusos que parecen plantear la incomunicación como un síntoma del individualismo de estos personajes. Los protagonistas pronuncian frases que los demás no entienden, en otros momentos hay diálogos sin sentido que desorientan y escenas traídas de los cabellos, como la del niño que hace las entrevistas a los otros niños recién llegados a Bienestar Familiar, que sugieren que, tal vez, esa era la intención de la escritora.
 
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Los escritores Antonio Caballero y Carolina Sanín

Fidel, un niño-hombre polifónico

Laura deja al niño en la entidad pública. Días después decide buscarlo pero no lo encuentra, el niño Fidel ha sido trasladado a otro lugar. Recurre a la ayuda de una conocida que es funcionaria de la entidad. Poco después llega a ella un informe de algunos niños que cuadran con el perfil de Fidel. Tal vez es el mejor momento del relato, donde hace presencia, con ligereza y humor negro, la cruel realidad de la infancia desamparada en Colombia.
 
Laura encuentra al niño y Bienestar Familiar se lo presta por tres meses para que viva con ella. El relato es muy irregular, los momentos que generan expectativa se truncan, como el viaje a los Llanos que hacen Laura y Fidel. Esta escena, en la que el paisaje interviene de forma atractiva, es resuelta en tres plumazos, justo cuando se espera que la novela tome un rumbo. Pero no, la novela no toma ningún rumbo porque los personajes tampoco lo tienen.
 
Laura inscribe a Fidel en una especie de "colegio de garage" italiano, donde el niño aprende a leer. El relato entonces, comienza a deambular entre comentarios y apuntes cultos, que van del pintor Giotto a "Moby Dick", de Elvis Presley a la Religión Católica. De repente Fidel aparece como poseído por una fuerza que lo mantiene entre sonámbulo y alucinado. El niño le refiere a Laura su permanencia en otro universo paralelo, como el de la isla que ella alimenta en su imaginación, pero en este caso es un salón de belleza. Aquí la voz del niño-adulto que es Fidel toma otro matiz. Del personaje semi-analfabeto, que se nos presenta al comienzo de la novela, pasa a ser una especie de medium que habla como "gomelo" bogotano. En este momento, entre alusiones surrealistas, surge el registro de la columnista Carolina Sanín.
 
Este pasaje de la novela, donde el narrador comenta, bajo el estilo indirecto libre, lo que habla Fidel, nos recuerda las diatribas que sostiene la escritora en el perfil de su red social:
 
"- Pero no todas las papas fritas me gustan. Las de paquete que dan en el colegio son hediondas. Se llaman papas chips para hijueputas.
 
En el camino de regreso peroró contra Laura, contra sí mismo y contra el mundo, y durante lo que quedaba del fin de semana siguió haciéndolo. Cada cosa en la que posaba los ojos merecía una queja y suscitaba una blasfemia. El cuaderno de colegio era para putos retardados mentales. Las papas que Laura frió, ¿de qué están llenas?, ¿de gargajo podrido? Las tareas para el colegio, que las haga la Zannini con las tetas. La televisión era para güevones cacorros y leer era de malparidos y de mierdas."  
 

Deambular sin sentido por la literatura y el cine

El relato termina con una escena en la que participan una mujer que lee el futuro y la protagonista. La mujer que lee el futuro habla muy parecido a Laura y recuerda a aquella mujer que lee el futuro al comienzo de la película "Cléo de 5 a 7", de la directora belga Agnès Varda.
 
Aquí, tal vez, es posible ver a Laura, la protagonista de "Los niños", como una especie de Cléo. En la obra de Varda, Cléo es una chica burguesa superficial, quien cree que padece una grave enfermedad, y a quien la inminencia de la muerte le pone de frente la preocupación de perder la belleza que tiene, mientras se cruza con un soldado que viene de la Guerra de Argelia.
 
Laura es un personaje parecido, una mujer de la alta burguesía bogotana, en apariencia simple e incoherente, atormentada por cosas que ella no define bien, cosas de las que el lector jamás se entera, pero que parecen deambular entre lo insondable metafísico del ser y la egolatría. Fidel, el niño-hombre que aparece en su vida, parece que le aporta un sentido a su anodina existencia. Pero es un sentido que tampoco tiene coherencia.
 
En la escena final Fidel se transforma en un ser que destruye todo lo que tiene a su alrededor y se apodera de la casa donde vive Laura. Aquí el relato nos recuerda el cuento "Casa tomada" de Cortázar. De esta forma queda la sensación que la novela "Los niños" es también un deambular sin sentido por el universo de la literatura y el cine, un deambular que parece el trazo caprichoso de un niño, el cual a algunos parece sugerir un "relato de terror" y a otros una "novela del absurdo" condimentada con la "bogotanidad", aburrida y superficial, que late en los textos de los escritores de nuestra alta burguesía ilustrada.

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